Me llamo Luna y soy una mujer que ama demasiado. Hoy, día internacional de la Mujer, deseo compartir contigo el  mal-trato al que me someto yo misma, en nombre del amor.

Cuando me hablaron del libro Mujeres que aman demasiado de Robin Norwood pensé que nunca se ama demasiado. Cuando escuché hablar de una terapia que trataba a mujeres que amaban demasiado con dinámicas semejantes a las de Alcohólicos Anónimos creí que era una broma. Hoy me doy cuenta de que yo amo demasiado y de que la adicción a este patrón es tan fuerte que una terapia es más que recomendable.

“El hecho de dar amor para recibirlo se convierte en la fuerza que impulsa nuestra vida. Y como nuestra estrategia no da resultado, amamos aún más. Amamos demasiado”. R.N.

Amarle a él es la fuerza que impulsa mi vida. Y el él que me inspira en esta declaración no es siempre el mismo. En verdad busco un él para que impulse mi vida; no me enamoro de su intelecto, ni de sus acciones, ni si quiera de su belleza exterior. A mí me alimenta amarle yo, incluso cuando él ha dejado de amarme a mí. Pero este alimento no me nutre. Es como un chute de hidratos y azúcar que me satisfacen momentáneamente, me provocan un subidón increíble; y que al poco tiempo producen el efecto rebote, con la irremediable consecuencia de esos kilos de más, de dolor. Cuando mi peso emocional se pasa en la báscula, aplico la dieta de urgencia amar aún más. Esta dieta es la más frustrante de todas, mi dolor sigue engordando y cada vez como menos azúcar.

“Cuando estar enamorada significa sufrir, es que estamos amando demasiado. Cuando disculpamos su mal humor, su indiferencia y sus desaires e intentamos justificarlos, es que estamos amando demasiado”. R.N.

Sufro sí, y sin embargo siento en la profundidad de mi ser, que el amor lo puede todo y que él volverá a amarme si yo le sigo amando. Mi creatividad no tiene límites en esta etapa, crear para él anestesia un poco el dolor y me impulsa a seguir. Dejo flores en su almohada, piruletas de corazones junto a su ordenador, cartas de amor, fiesta sorpresa de cumpleaños, fines de semana románticos… No recibo respuesta amorosa, sino cada vez más indiferencia y desaires, pero mi premisa de que el amor lo puede todo no me permite verlo. Comienza así la etapa más destructiva de todas y sin embargo me hace sentir viva, aún.  Aunque cada vez recibo menos, cada vez doy más. En esta adicción amorosa cuanto más le doy a él menos me doy a mí.

Cuando por fin él me invita a irme de su vida, caigo en la más profunda oscuridad de la nada. He ido llenando nosotros vaciando mi yo por completo. Renacer de las cenizas con mi yo vacío desgarra mis entrañas. El dolor me hace delirar a veces en algo parecido al síndrome de Estocolmo, donde la persona que ha sido secuestrada se muestra comprensiva y benevolente con la conducta de los secuestradores y se identifica progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada.

Sí, hoy reconozco que soy una mujer que ama demasiado.

En este día internacional de la Mujer declaro que me amo y me acepto completamente, me comprometo a quererme, cuidarme y a no mal-tratarme en nombre del amor.

¡Feliz día Mujer!

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